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18/05/2008
Eclesiología de Comunión y Nueva Evangelización
Javier del Rio
Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. Vicario General del Obispo del Callao. Rector del Seminario Corazón de Cristo. Vice-Presidente del Instituto Superior de Estudios Teológicos “Redemptoris Mater”.
1. LA TRINIDAD: FUENTE Y META DE LA COMUNIÓN
La Constitución dogmática Lumen gentium, del Concilio Vaticano II, presenta a la Iglesia como misterio de comunión; es decir, «como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» .
El misterio de comunión de la Iglesia tiene su fuente en Dios mismo, que se revela como una comunión interpersonal de amor y llama a la salvación a todos los hombres. El plan de salvación de la humanidad tiene su origen en el seno de la Trinidad y llega a su cumplimiento gracias a la perfecta comunión entre las tres Personas divinas, que hizo posible que el Padre enviase al Hijo y que éste, uniéndose a nosotros a través de la encarnación y reconciliándonos con el Padre mediante el misterio pascual, nos envíe el Espíritu Santo.
Los cristianos, unidos a Dios por el Bautismo, reciben de Él la vida divina y participan del amor trinitario, a través de Jesucristo en el Espíritu Santo. Esta participación crea la koinonía en la Iglesia y la empuja a extenderla a toda la humanidad.
En palabras de Juan Pablo II:
La comunión de los cristianos con Jesús tiene como modelo, fuente y meta la misma comunión del Hijo con el Padre en el don del Espíritu Santo: los cristianos se unen al Padre al unirse al Hijo en el vínculo amoroso del Espíritu [...] La comunión de los cristianos entre sí, nace de su comunión con Cristo [...] esta comunión fraterna es el reflejo maravilloso y la misteriosa participación en la vida íntima de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" .
La comunión, pues, se da en dos dimensiones: la dimensión vertical, comunión con Dios, de la cual brota aquella horizontal que es la comunión con los hombres. En su doble dimensión, el agente de esta comunión es el Espíritu Santo y se manifiesta concretamente en la vida de la Iglesia, que es como una prolongación visible y eficaz, esto es, como un sacramento, de la vida trinitaria. Desde Pentecostés en adelante, la Iglesia est&a
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